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Conflicto europeo producido por discrepancias en la sucesión al
trono
español a la muerte de Carlos II (1700). El testamento del rey
nombraba heredero a un Borbón, el duque de Anjou, nieto de Luis
XIV
de Francia, quien subió al trono en 1701 con el nombre de Felipe
V.
En setiembre se formó en La Haya una alianza contra los Borbones
entre Inglaterra, los Países Bajos y Austria para defender la
candidatura del archiduque Carlos, hijo segundo del emperador
germánico Leopoldo I. A la alianza se unieron Dinamarca,
Brandeburgo,
casi todos los principados alemanes, Saboya y Portugal, mientras
que
el bando hispano-francés sólo contó con el apoyo de Colonia y
Baviera. Al principio la lucha fue favorable a los ejércitos franceses,
cuyos mariscales Villars y Vendôme alcanzaron éxitos en el Rin y
en
Italia. Sin embargo, a partir de 1703 el duque de Marlborough
empezó
a desempeñar un papel decisivo en la contienda, secundado
hábilmente
por el príncipe Eugenio de Saboya. Ambos consiguieron una serie
de
victorias sobre Francia entre 1704 y 1709. Las batallas de
Blenheim
(1704), Ramillies (1706) y Ourdenaarde (1708) hicieron retroceder
al
ejército francés y dieron a los aliados el dominio de Europa
central.
Los franceses fueron también expulsados de Italia por Eugenio de
Saboya. En España, la guerra impulsó la reforma centralizadora
que
emprendió Felipe V para regenerar y modernizar la administración.
Se
opusieron a tales cambios un sector de la nobleza y la Iglesia,
además de las regiones de Cataluña, Aragón y Valencia, que veían
peligrar sus privilegios locales o fueros. Castilla fue siempre
leal
a la nueva dinastía durante la guerra. Su apoyo y el de Francia
(hasta 1711) permitió a Felipe V sobrevivir a graves derrotas y a
dos
ocupaciones de Madrid. En 1705 el archiduque Carlos desembarcó en
Cataluña y tomó Barcelona. Cuando Felipe V trató de atacar
Cataluña,
los aragoneses, en nombre de sus fueros, se sublevaron. Tras la
victoria sobre el archiduque Carlos en Almansa (abril de 1707),
los
fueros de los reinos de Valencia y Aragón fueron abolidos. Las
últimas etapas de la guerra fueron asunto exclusivo de España.
Los
aliados abandonaron al archiduque Carlos cuando éste heredó todas
las
posesiones austríacas de los Habsburgo: Reino Unido y los estados
alemanes no deseaban ver resucitar de nuevo el imperio de Carlos
V.
Por otra parte, los franceses redujeron su ayuda a Felipe V. En
1714
el rey Borbón reconquistó Barcelona, de donde se habían retirado
las
fuerzas imperiales. Con el decreto de Nueva planta (1716) los
fueros
catalanes quedaron abolidos. Las derrotas de España tuvieron un
alto
precio para el país. Por los tratados de Utrecht (1713) y Rastatt
(1714), España perdió sus territorios extrapeninsulares. Según el
tratado de Utrecht, Felipe V fue reconocido rey de España y de
las
colonias americanas por Reino Unido y los Países Bajos, a cambio
de
la renuncia de los Borbones a unir las coronas española y
francesa.
Al mismo tiempo, Felipe V cedió a Víctor Amadeo de Saboya el
reino de
Sicilia, y los británicos consiguieron el control de Menorca y
Gibraltar y dos importantes privilegios en el comercio con
Hispanoamérica: el asiento de negros, monopolio en el tráfico de
esclavos, y el navío de permiso, que les permitió introducir sus
manufacturas en las colonias españolas. Por el tratado de Rastatt,
que puso fin a la guerra con Austria, España renunció a sus
posesiones en Flandes y en Italia (el Milanesado y la Toscana).
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