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Aunque quizá no constituyan el aspecto más destacable de la
gastronomía local, las tapas que se sirven gratis en todos los
bares de la provincia junto con el chato de vino o la caña de
cerveza son un apetitoso símbolo de Granada que despierta los
sentidos y se graba en la memoria del visitante. Cocina en
miniatura, las tapas constituyen en sí mismas una manera informal
de almorzar o cenar de forma variada y sabrosa. El tapeo en bares
y tascas es para el granadino un rito social irrenunciable. En
cantidades más o menos abundantes, las cocinas regalan el paladar
de sus clientes con platillos de caracoles guisados, patatas a lo
pobre, pescados rebozados y embutidos variados, por citar una
mínima representación.
La gastronomía granadina con
mayúsculas es tan variada y apetitosa como las tapas. Es una cocina con
gran herencia árabe, generosa en especias, rica en sopas y potajes y
especialmente golosa. Los productos de la fértil vega que circunda la
ciudad de Granada son la base de muchos de los platos típicos locales,
como las tiernas habas fritas con jamón, las pencas de acelga rellenas,
los cardos, el remojón, la pipirrana y el indispensable gazpacho.
Todo ello acompañado con el excelente pan de Alfacar.
Especialidad de renombre en la capital es la Tortilla del Sacromonte,
un plato no apto para paladares remilgados que se elabora, entre otros
ingredientes, con sesos, criadillas y huevos.
El clima frío que imponen durante el invierno las cimas blancas de
Sierra Nevada ha propiciado una cocina de platos recios para reconfortar
el cuerpo y el espíritu. El mejor ejemplo es la tradicional Olla de
San Antón, tan contundente que se come sólo durante un par de
semanas al año. En su avío pocas partes del cerdo se escapan: oreja,
rabo, tocino, morcilla, manitas... acompañadas con habas secas, arroz e
hinojo. De El Marquesado y el Altiplano son típicas las gachas
pimentoneras, las migas de pan, los guisos y asados de cordero segureño
y el choto frito con ajos.
La gastronomía de la Alpujarra es por sí sola un reclamo turístico.
Monumental es el jamón de Trevélez, curado en el pueblo más alto de la
Península Ibérica. Aunque se obtiene de cerdos blancos, su calidad ha
cobrado tal fama que está siendo muy demandado fuera de las fronteras
españolas. Este manjar no falta nunca en la especialidad más reputada de
la comarca, el Plato Alpujarreño, que se completa con lomo, chorizo,
morcilla, huevos fritos y patatas a lo pobre. Su contundencia exige
acompañarlo con uno de los vinos de gran calidad que algunos bodegueros
aventureros han logrado arrancar con éxito al terruño.
La Costa Tropical también garantiza buenos pescados y mariscos en las
mesas granadinas. De excepcional calidad son las quisquillas, cigalas y
gambas blancas de Motril, que sólo precisan de un golpe de plancha para
hacer sublime su sabor. También a la brasa o enterrados en sal resultan
finísimos pescados como el pargo, el sargo, la dorada y la pescadilla. Y
asadas en espeto o en moraga, las sardinas.
El envidiable clima del litoral granadino ha propiciado el cultivo de
frutos subtropicales, como la chirimoya, el aguacate y el mango. El
digestivo colofón a toda comida puede ponerlo un sorbito del ron de
Motril, hijo de la tradición granadina del cultivo de la caña de azúcar
y de una calidad sorprendente para criarse tan lejos de tierras
caribeñas.
Repostería
Miel y especias son ingredientes imprescindibles en la repostería
granadina, de herencia árabe.
Paradójicamente, son los dulces que elaboran las monjas en los conventos
de clausura los que han logrado más renombre: bizcochadas, huevos moll,
mantecadas y compotas de frutas.
Deliciosos son los tocinillos de cielo de Guadix, la torta real de
Motril, los pestiños de Vélez de Benaudalla, los roscos de Loja y el pan
de higo de la Alpujarra. Los Piononos, unos pequeños dulces con nombre
de Papa, merecen por sí solos una visita a Santa Fe.
Vinos
A diferencia de otras zonas vitivinícolas andaluzas con solera, Granada
no dispone de bodegas centenarias ni de una larga tradición de
elaboración de vinos. No obstante, en la última década, y gracias al
esfuerzo de media docena de pequeños bodegueros, el panorama de los
vinos granadinos está cambiando radicalmente hacia una producción de
caldos de excelente calidad.
Hasta hace unos años, la provincia sólo contaba con referencias como los
‘vinos costa’ de la Contraviesa, el ‘vino mosto’ de la Vega y el ‘vino
picoso’ de la zona norte. En su mayoría, claretes de alta graduación
alcohólica y elevada acidez, distribuidos a granel.
Actualmente, la adaptación a las nuevas técnicas de vinificación, la
implantación de variedades nobles de uva y el cuidado exquisito de las
plantaciones de vid ha dado lugar a cuatro zonas reconocidas con el
marchamo de Vinos de la Tierra: Contraviesa-Alpujarra, Láujar-Alpujarra,
Granada Sur-Oeste y Norte de Granada. El gran salto cualitativo en los
vinos de la provincia ha sido posible al empeño personal de granadinos
provenientes del mundo rural, agricultores con implicación directa en el
control de las labores de la vid y la bodega que han sabido arrancar al
terruño vinos blancos frescos y fragantes y tintos de gran complejidad.
Destaca la labor desarrollada por las bodegas de Horacio Calvente (Jete),
Barranco Oscuro (Cádiar), García de Verdevique, Villagrán (Huéscar) y
Señorío de Nevada, entre otras.
Caviar beluga de Riofrío
La piscifactoría granadina Sierra Nevada, situada en Riofrío (Loja), ha
conseguido criar la mayor población del mundo de esturiones en
cautividad, unos 400.000 ejemplares de Acipenser Nacarii, una especie en
peligro de extinción cuyas hembras guardan en sus entrañas la mejor
calidad de caviar: el beluga. En 2004, la piscifactoría Sierra Nevada
comercializó 1.400 kilos de huevas, de los que un 40% fueron exportados
a Francia, Italia, Portugal, Alemania y Estados Unidos a 1.600 euros el
kilogramo. En 2005, la firma consiguió otros dos hitos importantes:
distribuir sus productos en los supermercados de El Corte Inglés y
entrar en el exigente mercado japonés. Y en 2006, la firma granadina
pondrá a la venta 6.000 kilogramos de caviar beluga de producción
totalmente ecológica.
A partir de las truchas y esturiones que cría, la piscifactoría elabora
también productos como ahumados, marinados, cremas y patés. Todos ellos,
junto a las distintas calidades de caviar, pueden degustarse en la
mayoría de los doce restaurantes existentes en Riofrío. Esta pequeña
pedanía de Loja se ha convertido en los últimos años en uno de los
referentes de la gastronomía granadina.
Alimentos con Denominación de Origen y Denominación Específica de
Calidad
Denominación de Origen Aceite de Oliva de los Montes de Granada Desde el
siglo XVI existen referencias escritas al aceite producido en la comarca
natural de la que toma su nombre esta denominación, situada sobre la
Subbética granadina, limitada al norte con las provincias de Jaén y
Córdoba, y al sur, con la Vega de Granada. Este aceite de oliva virgen
extra posee un aroma y sabor afrutado, ligeramente amargo. Se producen
dos calidades: frutado intenso y frutado suave. Se elaboran con las
variedades Picual (80%), Lucio y Loaime (15%), y Negrillo de Iznalloz,
Escarabajuelo, Gordal de Granada y Hojiblanca (5%).
Denominación de Origen Aceite de Oliva del Poniente de Granada
En los siglos XVI y XVII ya se tenía constancia de una gran tradición
olivarera en las localidades de Loja, Montefrío e Íllora. Una producción
que irá en aumento con el tiempo y cuya calidad le ha valido su propia
Denominación de Origen, concedida en 2003. Son aceites de oliva virgen
extra, con aromas y sabor a fruta fresca y madura, elaborados con
variedades de aceituna de gran tradición en la comarca.
Denominación de Origen Chirimoya de la Costa Tropical de Granada
Acoge las chirimoyas cultivadas en una franja litoral de unos cien
kilómetros donde, gracias a un clima subtropical, se producen también
mangos y aguacates. Esta certificación de calidad acoge a los municipios
de Motril, Vélez de Benaudalla, Los Guajáres, Molvízar, Ítrabo,
Salobreña, Otívar, Lentejí, Jete, Almuñécar y otros situados en la
provincia de Málaga. Se cultivan dos variedades de este fruto originario
de los altos valle subtropicales de Sudamérica, siendo la mayoritaria
(90% de la producción) la de fino de Jete, selección local de la zona.
Es de color claro, oscilando su peso medio en torno a los 250 gramos.
Denominación de Origen Miel de Granada
Abarca todos los municipios de la provincia, aunque tiene especial
incidencia en la comarca de Granada. Su producción se remonta
muchos siglos atrás. Ibn Al-Jatib habla de ella en su Descripción del
Reino de Granada (1313-1375), y en el Libro de los oficios de la ciudad
de Granada (1752) figuraba el de “criador de colmena”. La flora
existente en las proximidades de Sierra Nevada le confiere a la miel sus
peculiares características.
Denominación Específica de Calidad Espárrago de Huétor Tájar
Al oeste de la Vega de Granada se cultiva un espárrago verde-morado
similar al silvestre. Procede de variedades autóctonas seleccionadas en
la zona del Poniente Granadino desde hace siglos y se planta, además de
en Huétor Tájar, en las localidades de Loja, Salar, Villanueva de Mesía,
Moraleda de Zafayona e Íllora. Se comercializa en fresco y en conserva.
Es ideal para cocinar a la plancha, cocido y en revuelto.
Denominación Específica de Calidad Jamón de Trevélez
Elabora perniles serranos procedentes de cerdos obtenidos en los cruces
de las razas Landrance, Large White y Duroc Jersey, que se curan en el
pueblo granadino de Trevélez, situado en Sierra Nevada a 3.000 metros de
altitud. Su historia se remonta a 1862 cuando se celebró el concurso
nacional de productos alimenticios del que salió vencedor el jamón de
Trévelez, confiriéndole por ello la Reina Isabel II a la villa granadina
el privilegio de estampar en estos sabrosos perniles el sello de su
corona.
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